
En el momento que te mire quiero que sepas que te miro como cada momento en que te miro desde hace largo tiempo. Desde que te vi y me miraste. Desde que comencé a querer que me quisieras. Entonces comenzó la cuenta regresiva de cuentos sobre romances y películas depresivas que no pude detener hasta que acepte que no me querías. Pero cuando lo estaba aceptando se me planteó una duda: si dudabas o en realidad no me querías. Y sobre la base de la duda se tejió una red de mentiras, porque le mentí a mi corazón haciéndole creer que me querías. Pero la mentira nunca triunfa porque la verdad pesa más. Y la verdad era que no me querías. Dolió, pero tuve que aceptarlo (el dolor es inevitable si se habla de amor). Y lo acepté, no lo niego, pero el peso del amor es más grande que el de la mentira, la verdad y el dolor juntos, así que te seguí amando resignadamente. Me resigné a vivir en soledad por el resto de mi vida y a verte con otra y a sufrir demasiado cada día hasta que se volviera insoportable y solo existiera porque tú existías.
Pero un día sucedió algo extraño: te paraste frente a mí y me dijiste “te amo”.
Muchos dirían que fue un milagro, me conformo con saber que fue extraño. Creí que era un chiste, pero te conocía, sabía que hablabas en serio. En realidad era mentira, pero no lo noté, supongo que me agobié por la “noticia”. Y lo peor es que contesté: “quiero caer en tus brazos como por casualidad en el instante exacto en que el mundo deje de ser importante”.
No te reíste. Se suponía que debías probarme, pero por una vez en tu vida fallaste.
Te miré con los ojos muy abiertos (creo que ni pestañeé) y de repente diste la vuelta y te marchaste casi volando.
No te volví a ver hasta hoy, cuando me tomaste entre tus brazos y me besaste tímidamente antes de decir: “te necesito”. Y es ahora que decido que cada vez que te mire quiero que sepas que te miro como te he mirado en cada momento que te miro, desde hace tiempo, desde esa primera vez que nos miramos.
Pero un día sucedió algo extraño: te paraste frente a mí y me dijiste “te amo”.
Muchos dirían que fue un milagro, me conformo con saber que fue extraño. Creí que era un chiste, pero te conocía, sabía que hablabas en serio. En realidad era mentira, pero no lo noté, supongo que me agobié por la “noticia”. Y lo peor es que contesté: “quiero caer en tus brazos como por casualidad en el instante exacto en que el mundo deje de ser importante”.
No te reíste. Se suponía que debías probarme, pero por una vez en tu vida fallaste.
Te miré con los ojos muy abiertos (creo que ni pestañeé) y de repente diste la vuelta y te marchaste casi volando.
No te volví a ver hasta hoy, cuando me tomaste entre tus brazos y me besaste tímidamente antes de decir: “te necesito”. Y es ahora que decido que cada vez que te mire quiero que sepas que te miro como te he mirado en cada momento que te miro, desde hace tiempo, desde esa primera vez que nos miramos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario