el minuto pesa
y la luna despeja su aurea
aguardando el momento
de ver caer tu cabeza
ya sin vida, sobre el asfalto.
la noche roe las luces
y en la penumbra los autos
juegan a que son invisibles,
imaginan que no estan andando.
se olvidan de los cinturones
y de la existencia de otros autos.
todos ellos acompañan
en cada metro a la muerte
que en realidad no te esta buscando,
pero que espera alguna recompensa
por el esfuerzo diario:
no tener que buscar a nadie,
que muera quien ya este a su lado
el minuto ya no pesa
se volo el muy bastardo
uno de los tantos autos
de los que estan jugando
pisa el freno bruscamente
pero no puede evitarlo.
los autos ya no juegan,
casi todos siguieron de largo
y las luces de la policia
apartan la noche,
interrumpen el letargo.
el envase del alma
luego sera transportado
adonde no puede verlo el asfalto
adonde la tierra reina
adonde no juegan autos.
miércoles, 23 de enero de 2008
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